El apego

Somos tribu, vivimos en una gran tribu y es que, desde muy pequeñas estamos relacionándonos afectivamente, primero con nuestros/as cuidadores/as, donde nos deberían proporcionar amor, protección y seguridad. A esta relación el psicólogo John Bowlby la llamo apego, más tarde, la psicóloga Mary Ainsworth desarrollo los diferentes tipos de apego, que de manera muy resumida se diferenciarían en apego seguro e inseguro. En el apego seguro el vínculo se da cuando él/la bebe sabe que los cuidadores están ahí para atenderle cuando lo/a necesite, mientras que en el apego inseguro las necesidades se cubren a veces, o no se cubren llegando a desarrollar en el/la niño/a sentimientos de confusión, inseguridad o miedo con respecto a sus cuidadores/as.

La evidencia científica dice que el apego en la infancia coincide con el de la edad adulta, por eso es vital para nuestro correcto funcionamiento diario y las relaciones que establecemos con las demás. Por ejemplo, un niño/a que tuvo un apego seguro en la crianza suele coincidir con adultos sin una preocupación excesiva por el abandono, tienen relaciones positivas donde prevalece la tranquilidad y la confianza, se consideran merecedoras de afecto, regalan estabilidad, amor e independencia y no suelen estar relacionado con conductas hacia los excesos como pueden ser el alcoholismo. Pero, hagamos una pequeña tarea, mira a tu alrededor ¿Crees que la mayoría de los/as adultos/as son así?

El psicólogo Walter Riso, considera que la mayoría de los adultos poseemos un apego inseguro, lo que nos llevaría a tener relaciones de dependencia emocional. Walter hace definiría la dependencia como un vínculo obsesivo con una idea, objeto o persona que cree que es permanente, que proporciona seguridad total, nos hará feliz siempre y le dará sentido a nuestra vida ¿Te suena de algo?

Nuestra biología está programada para apegarse a las cosas, en primer lugar, a la vida. Y a diferencia de la cultura oriental, nuestra tribu no fue criada bajo las leyes de la impermanencia. De hecho, por el apego negamos el duelo, evitamos hablar de la muerte, no abandonamos aquello que nos hace mal (una pareja, un trabajo, etc.). Para el budismo, el apego es la mayor fuente de sufrimiento, pero también de confianza y amor, pues como dice una frase que me encanta “nadie se salva solo, nadie salva a nadie, todos nos salvamos en comunidad”, así pues, el apego y el desapego es una autentica paradoja.¿Dónde está la clave? ¿Podemos dejar de tener relaciones de inseguridad y miedo al abandono? ¿Podemos dejar de perseguir las relaciones pensando que durarán siempre y que sin estas nuestra vida carece de sentido? Sí, el Mindfulness nos ayuda a dar con la solución: aprender a soltar.  Soltar significa desapegarse de alguien o algo a lo que nos aferramos, significa aceptar que no podemos poseerlo, y esto nos lleva al sentimiento de pérdida, que más tarde nos llevará a la aceptación de la impermanencia. Un camino que puede ser por las malas, o por las buenas. La vivimos por las buenas cuando utilizamos nuestra consciencia para identificar a que nos aferramos ¿Una casa, un trabajo, unas creencias, al pasado? cuando dejamos de luchar por tener y nos enfocamos en ser, en disfrutar de lo que tenemos sin querer atraparlo.

¿Y tú como te relaciones con los demás?

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