Creencias limitantes.

¿Alguna vez has dicho o pensado alguna de las siguientes frases?

  • “Si todo el mundo lo piensa será por algo”
  • “Soy culpable de todo lo que pasa en la relación”
  • “No soy lo suficientemente buena”
  • “Todos los hombres son iguales”
  • “El chocolate me da la felicidad”
  • “No estoy preparada para ese trabajo”
  • “Yo soy así”

Todos tenemos un mapa mental que nos guía por el mundo, un mapa conformado por creencias que nos acompañan, en su mayoría, desde pequeñas, construyéndose así a través de la familia, el contexto social, la educación. Además, a partir de generalizaciones erróneas que hemos hecho de situaciones puntuales que hemos vivido. Dichas creencias nos permiten dar significado a lo que percibimos, nos predisponen a actuar de una u otra forma y suelen estar presentes para dar explicación a las cosas que nos ocurren en la vida. Nos permiten categorizar y a hacer mucho más económico todos los procesos cognitivos que ocurren en nuestro cerebro.

Sin embargo, existen las creencias limitantes que son aquellos pensamientos que se convierten en una barrera que impiden que desarrolles tus potencialidades, algo parecido a lo que llamaría Albert Ellis las creencias irracionales. Estas creencias se encuentran muy enraizadas en nuestra manera de pensar, en actitudes y en comportamiento, pese que a veces sea muy difícil identificarlas. Estas creencias están caracterizadas por la rigidez, la mala adaptación a la realidad y los imperativos. Pueden hacer referencia a una misma, a los demás o al mundo.  El mayor poder que tienen las creencias limitantes es que nos condicionan, así si pensamos que no somos merecedores de algo, por ejemplo, un trabajo que nos apasione, efectivamente, estos pensamientos nos condicionarán para actuar no entregando el CV a esa empresa que tanto nos llama la atención.    

¿Pero, qué hacemos con las creencias? ¿Cuáles nos sirven para evolucionar y cuáles no? Bueno, creo que lo primero es identificarlas ¿Cómo? Observa cómo te hablas a ti misma y a las demás, presta atención a las generalizaciones que utilizas (solo, todo o nada), a las veces que prestas más atención a lo negativo de las situaciones y cuando a lo positivo de las mismas, cuenta cuántas veces al día te acusas diciendo “Es que soy…”. Luego, observa si esa manera de hablarte te despierta alguna sensación física, que sea molesta o irritante. ¿Y qué más? Pues verás, hay creencias limitantes que hay que trabajar con un profesional y otras, que quizás no son tan difíciles de cuestionar. Te voy a mandar una tarea; detecta una creencia limitante que te digas a ti misma habitualmente, luego plantéate las siguientes preguntas:

  • ¿Esta creencia es propia o la he recibido de fuera?
  • ¿Me sirve realmente?
  • ¿Cuál es la intención positiva de esta creencia? ¿Por qué la llevo utilizando tanto tiempo?
  • ¿Cuál es la creencia opuesta que me beneficiaria más ahora mismo?
  • ¿Cómo podría mejorar mi vida si repito como un mantra esta nueva creencia?
  • ¿Qué es lo mejor y lo peor que te puede pasar si continuas con la vieja creencia?

Un abrazo enorme, Cin.

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